Venus, ¿diosa y planeta de vida?

Venus tiene un atractivo especial. Su brillo en el cielo del amanecer o al atardecer ha maravillado a los seres humanos desde siempre. Muchas civilizaciones

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Venus tiene un atractivo especial. Su brillo en el cielo del amanecer o al atardecer ha maravillado a los seres humanos desde siempre. Muchas civilizaciones

han adorado a Venus. Para los romanos era la diosa de la belleza, el amor, la fertilidad y tenía otros muchos otros atributos. La cercanía de Venus a la Tierra ha hecho volar la imaginación de muchos, que no han dudado en proponer que en Venus florecía la vida.

Las ideas de un Venus habitable o con un ambiente válido para una colonia terrícola, subsistieron durante mucho tiempo. La cruda realidad es que Venus parece el infierno, al menos en su superficie. Un terrícola allí quedaría carbonizado en poco tiempo, porque la temperatura media ronda los 450 º Celsius, demasiado para cualquier forma de vida, tal y como la conocemos. Sobre el terreno, su densa atmósfera es tan pesada que la presión es 92 veces mayor que la existente en la Tierra a nivel del mar.

Hasta Venus han llegado, o han pasado observándolo, más de 40 naves terrícolas.

La primera en llegar fue lanzada por los soviéticos en 1965. Entre 1990 y 1994, la sonda Magallanes orbitó Venus equipada con un radar de apertura sintética. Desde entonces tenemos un mapa casi completo del planeta, en el que se distinguen grandes cadenas de volcanes, extensas llanuras, valles profundos, cráteres de impacto y largos canales excavados por corrientes de lava.

venus volcanes Infobae 1A pesar de todas sus características negativas para la vida, Venus podría haber tenido, o tener, algún tipo de vida no en la superficie, sino en las capas altas de la atmósfera. A medida que ascendemos desde el suelo de Venus, la presión atmosférica y la temperatura van disminuyendo. Al llegar a los 50 kilómetros de altura la presión iguala a la terrestre a nivel del mar y la temperatura desciende hasta unos agradables 20 º C. La atmósfera de Venus se compone principalmente de dióxido de carbono y las nubes están formadas por corrosivas gotitas de ácido sulfúrico. Hay vientos huracanados de más de 360 kilómetros por hora.

La luz del sol reflejada por las nubes de Venus es captada por los telescopios desde la Tierra. En 1960, los astrónomos habían detectado que las nubes altas de Venus no reflejan tanta luz ultravioleta del Sol como se esperaría. Para explicarlo, Harold Morowitz y Carl Sagan aventuraron una hipótesis fascinante: quizás la culpa sea de unos organismos flotantes capaces de realizar la fotosíntesis.
Según un modelo de la evolución de Venus publicado recientemente, durante casi tres mil millones de años, Venus debió ser muy similar a la Tierra. La superficie debió estar cubierta por un gran océano, la temperatura y la presión eran más bajas y las condiciones fueron ideales para el desarrollo de la vida. Si eso es cierto, Venus y la Tierra fueron planetas hermanos durante la mayor parte de su historia. Desgraciadamente para Venus, todo se torció hace tan sólo unos cientos de millones de años. La radiación solar fue aumentando y el océano desapareció y, en consecuencia, dejó de ser un sumidero para el dióxido de carbono. Este gas de efecto invernadero comenzó a crecer y provocó el desbocado cambio climático que lo llevó a la situación actual.

Muchos científicos se preguntan: 

¿Quedará allí algún organismo que haya resistido y se haya adaptado a las condiciones actuales?

En la Tierra se ha detectado vida en forma de microorganismos flotantes en las nubes y también existe vida en los charcos sulfurosos y calientes que existen en lugares de gran actividad geotermal. Esto hace pensar que tal vez existan organismos capaces de sobrevivir en las nubes altas y ácidas que cubren a Venus.

En septiembre de 2020, Jane Greaves y sus colegas publicaron un artículo en Nature Astronomy: “Gas fosfano en la cubierta nubosa de Venus”. En la Tierra, el fosfano está esencialmente asociado a los seres vivos, éstos lo crean como un subproducto de los procesos metabólicos. Jane Greaves, investigadora de la Universidad de Cardiff, Reino Unido, había estudiado imágenes de Venus obtenidas por el telescopio James Clerk Maxwell en Hawaii y el Observatorio ALMA de Chile, y detectó en ellas una frecuencia de luz característica de las moléculas de fosfano. El fosfano es una molécula relativamente simple que contiene un átomo de fósforo y tres átomos de hidrógeno.

El estudio indicaba que en la atmósfera de Venus debía haber entre mil y un millón de veces más fosfano que en la atmósfera de la Tierra:

¿Era el fosfano producto de vida microbiana en las nubes de Venus? ¿Habíamos encontrado, por fin, una señal de vida extraterrestre, aunque fuera microscópica?

Como ha sucedido en ocasiones semejantes anteriormente, la comunidad científica se ha encargado de desechar la hipótesis de la existencia de vida en Venus. Desde noviembre de 2020 se lee al principio del artículo original:

“Los autores han informado a los editores de Nature Astronomy de un error en el procesamiento de los datos del Observatorio ALMA que
ha tenido un impacto en las conclusiones que se pueden extraer.”

Quizá las conclusiones hayan sido precipitadas, aunque eso no significa que hayan quedado invalidadas por completo. Serán necesarias más investigaciones si se quiere responder a las preguntas planteadas por la presencia de fosfano, lo que puede potenciar de nuevo el interés por enviar naves de exploración a Venus.

 

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Mario Quirón



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